Charlotte Gainsbourg.
Que complicado tiene que ser la hija de… y más aún cuando tu padre fue una de las estrellas francesas y tu madre (Jane Birkin) atesora una calidad innegable. Trás labrarse una carrera en el cine marcada por los altibajos parece ser que Charlotte ha decidido poner remedio a su fallida carrera en la música.
Y para poner remedio a esto esta vez ha contado con la inestimable ayuda de Beck. Si hay algo que se le puede atribuir al ecléctico compsitor es que bebe directamente del legado del gran Serge por su forma de entender la música y no encasillarse en ningún género.
Después de cantar a dúo Lemon Incest con su padre y algún que otro álbum que es mejor olvidarse (Charlotte For Ever) por fin ve la luz un disco que si podemos decir que hace honor al apellido que lleva. IRM (Imágenes por Resonancia Magnética) nos presenta una artista a la que le ha costado encontrar su estilo pero al fin lo ha hecho, y de que manera. Intimista, nos transporta incluso el lado más personal convirtiéndo este disco en una gran colaboración familiar ya que sus dos hijos, Ben y Alice, participan respectivamente en Trick Pony tocando la batería y cantando en la canción Greenwich Mean Time.
Para muestra un botón y el single de lanzamiento acompañado por su padrino Beck, Heaven Can Wait.







