Para los que aún no se hayan enterado, R.E.M. anunció anoche su separación en su web oficial.

Mi historia con R.E.M. comenzó hace muchos años. Yo era todo un yogurín, con apenas 14 años, y estaba empezando a descubrir el inmenso mundo de la música. Posiblemente habría escuchado ya algunos temas del grupo, pues en el año 1996 ya se habían convertido en una de las bandas más importantes de Estados Unidos… y del mundo.
Pero como siempre sucede, es una canción la que se convierte en esa chispa que toda buena relación que se precie ha de tener. “E-Bow The Letter” fue esa canción. Michael Stipe ni siquiera se molesta en cantar, relatar un bello escrito le pareció suficiente, y a mí me pareció magnífico. La melancolía en su máxima expresión, un sonido en el que encerrarse para aferrarse a preciado pasado, y plantear un incierto futuro.
Apenas tardé unos días desde que escuché “E-Bow The Letter” hasta que me hice con “New Adventures in Hi-Fi”. el disco que lo contenía. Para muchos ese disco fue el principio de su decadencia, pero para mí fue descubrir un nuevo universo musical, el más inmenso hasta entonces. “Be Mine”, “Leave”, “New Test Leper”, “How The West Was Won And Where It Got Us”… parecía un disco hecho a la medida de mis necesidades. ¿Cómo podía haber estado 14 años de mi vida sin escucharlos?
Fue entonces cuando empecé a indagar en el cuarteto de Athens. Inevitablemente llegué a sus grandes éxitos de principios de los 90, “Losing My Religion”, “Man on the Moon”, “Everybody Hurts”… pero por alguna extraña razón, yo necesitaba ir más allá. Todas esas canciones me gustan, no puedo negarlo, pero pocas me hacían sentir una experiencia similar a escuchar el “New Adventures in Hi-Fi”.
Todo llegó de forma progresiva. En apenas dos años me hice con toda su discografía hasta la fecha, y me ponía todos los discos una y otra vez descubriendo cada día grandes melodías, grandes historias atrapadas en poesía añeja, canciones para bailar, canciones para pensar, canciones para compartir. Y cuando me quise dar cuenta, estaba inmerso en un mundo en el que yo, aquel chaval que no conseguía que dos discos de un mismo grupo me gustasen, jamás me hubiera imaginado.
Escuchar la música de R.E.M. para mí se convirtió en una continua aventura. Es como si de la noche a la mañana tu grupo favorito sacase un total de 10 discos… sin que ninguno de ellos fuese desechable. A medida que pasaban las pistas, iba percatándome de nuevos detalles. Nuevas melodías que se asentaban en mi cabeza con poéticas letras para poder disfrutarlas una y otra vez.
Para mí, aún a día de hoy, intentar destacar un disco sobre el resto, o un tema por encima de los demás, me resulta totalmente imposible. Muchas canciones han marcado momentos importantes de mi vida, y muchos discos sonaron en la pletina de mi radiocasete hasta que se rallaron por completo.
- We Walk, el tema que me enseñó a mirar hacia adelante.
- Don’t Go Back to Rockville, el tema que me enseño a apreciar aún más el country americano.
- World Leader Pretend, el tema que me incito a no pasar por alto la política que me rodea.
- It’s The End of the World as We Know It (And I Feel Fine), el tema que me enseñó a quitar hierro a esos asuntos sobre los que no podemos hacer nada.
- Find The River, el tema que me enseñó a plantear mi futuro al margen de predisposiciones innecesarias.
- Be Mine, el tema que me enseñó a amar.
- Talk About the Passion, el tema que me enseñó a superar una mala época.
- Nightswimming, el tema que me enseñó a apreciar las buenas melodías.
- Leave, el tema que me enseñó que de nada sirve huir hacia adelante.
- I’ll Take The Rain, el tema que me enseñó a ser testarudo cuando es necesario.
- Country Feedback, el tema que me enseñó a llorar.
- Half a World Away, el tema que me enseñó a ser fuerte.
- Let Me In, el tema que me enseñó a abrirme a los demás.
- Welcome To The Occupation, el tema que me enseñó a luchar por mis derechos.
- …
Quizá podría seguir así hasta completar la discografía completa de R.E.M., o al menos con todos los temas que aparecen en alguno de sus primeros 13 discos.
Así que, ahora, al decir que se separan, es como si perdiese de forma definitiva una parte de mí. No esperaba que fuesen a sacar ningún disco que me hiciera sentir todo aquello que he sentido y aún siento cuando escucho alguno de sus temas más clásicos, pero en parte esperaba el poder verlos en concierto tres o cuatro veces más.
Pero siendo retrospectivos y echando la vista atrás, la separación de R.E.M. comenzó hace muchos años, en 1997. Aquel fue el año en el que, una formación que se había mantenido estable desde su formación, empezó a tambalearse. Bill Berry, el batería fundador, abandonó la formación para empezar a vivir su vida apartado de la música.
Sea como fuere, parece que el final definivo ha llegado. Por ello quería homenajearlos con esta entrada, y seguiré haciéndolo durante todo el día de hoy en mi cuenta de Twitter, donde he programado varios Tweets con vídeos y grandes momentos de la banda, usando el hashtag #graciasREM. Os animo a que hagáis lo mismo.
Nunca fueron mi estilo ni mis favoritos pero he de reconocer que siempre les tuve mucho respeto. Demasiados accesibles para mi aunque 31 años de cerrera echen abajo todo lo que pueda escribir.
Imploremos a los dioses del rock´n´roll por una gira de despedida a lo grande e iré contigo a verles para que me muestres la grandeza de tu banda favorita.
Rock on
Phil
Apuesto que los Rem si leyeran este texto se sentirían más orgullosos de su legado. Intenso, sincero y emotivo. Larga vida al legado de Rem y un abrazo.