El 2 de agosto de 1976, Evangelina Sobredo Galanes volvía junto a unos amigos de Vigo hacia Madrid. Eran altas horas de la madrugada cuando a la altura de Benavente, en Zamora, la falta de alumbrado público hizo que su Seat 124 se estrellase trágicamente con un carro tirado por bueyes. Así terminaba la vida de una de las grandes promesas de la música de autor española.

En aquel verano de 1976 Cecilia se encontraba en el punto cumbre de su carrera. Con tan sólo tres discos a sus espaldas consiguió encontrar un hueco de honor en España. Podemos decir que sus influencias estaban en la península, en autores como Joan Manuel Serrat o Lluis Llach, pero obviaríamos lo evidente. Cecilia supuso para España lo que Joan Baez supuso para el mundo anglosajón, tanto en estilo como en concienciación.
Las muestras de su grandeza son muchas, quizá tantas como canciones llegó a escribir e interpretar. Algunas de lo más sobrecogedoras, como la de sobra conocida Ramillito de Violetas, la pícara Dama, dama o la escondida reivindicación de Mi querida España.
Hoy, para conmemorar su aniversario, me quedaré con una canción que se publicó de forma póstuma. “El Testamento” representa lo que fue Cecilia en vida, y todo aquello por lo que luchó, y que su muerte prematura le impidió comprobar. 6 partes tenía, todas y cada una de ellas esenciales:
En este mi testamento que escribo con un pie fuera,
que escribo con un pie dentro de este mundo y lo que venga.Voy a repartir mis bienes, voy a dividir mi herencia,
en seis porciones iguales como ahora aquí se enumera.Un Sexto dejo al obispo para que amplíe su iglesia,
más no sé porqué lo hago si casi nunca se llena.Otro sexto al matasanos para que amplíe su ciencia,
y así al morir sus pacientes no le angustie la conciencia.Otro sexto a las solteras para perfumes y sedas,
y un altar a San Antonio en donde quepan más velas.Otro sexto a la alcaldía para que en obras lo invierta,
aunque luego el edil haga lo que en la gana le venga.Otro sexto a mi patrona con quien contraje mil deudas,
a ver si así se decide a tapar estas goteras.Por último el otro sexto lo dejo para mi epitafio,
en donde pueda leerse con buena letra y bien claro:Aquí reposan los huesos, porque los huesos vivían,
de un hombre al que no pudieron ni estudiar su anatomía.
Aquí reposan los restos de un político altanero,
que no puso la otra mejilla pero al que en las dos le dieron.
De quien no supo de celos, de quien no tuvo prejuicios,
y así le llegó la muerte en perfecto y sano juicio.
De quien no bañó con vino su estómago y sus desgracias
y que en sus ochenta años no vivió la democracia.
Tan sólo tenía 27 años, y no 80. Tampoco era un hombre, sino una gran mujer, pero este epitafio escrito por Cecilia en su Testamento relata lo que ella misma sufrió y dejó con su propia muerte.
Y efectivamente… no vivió la democracia pero sus canciones sí. O al menos eso queremos creernos.